


Escucha el barrio
Del barro al cemento
Memoria de la transformación
En el centro social de Coia, varios vecinos y vecinas se reúnen para recordar cómo cambió el barrio en cuestión de años. Tucho, Ricardo, Conchi y Verti recuerdan lo que antes eran campos, casas bajas y caminos, y como eso dio paso a bloques de viviendas levantados con rapidez, transformando por completo el paisaje y la vida cotidiana.
A través de sus voces, esta tertulia reconstruye ese momento de ruptura: el paso de un entorno rural a un barrio de hormigón, vivido no solo como progreso, sino también como pérdida.
Tertulia entre cuatro vecinos en el Centro Socio-comunitario de Coia
El proceso de transformación de Coia no comienza en este momento, pero es aquí donde se acelera de forma definitiva.
Entre las décadas de 1960 y 1970, el barrio pasa de ser un entorno de carácter semirrural a integrarse plenamente en la expansión urbana de Vigo. En pocos años, el suelo cambia de función y de escala: deja de estar vinculado a actividades productivas para destinarse casi exclusivamente a uso residencial.
La transformación no se produce de forma gradual. El cambio es rápido y afecta a la totalidad del territorio, sustituyendo las estructuras previas por nuevas formas urbanas basadas en la edificación en altura.

Fotografía aérea del barrio antes del Plan Parcial
La llegada forzosa del hormigón

La respuesta institucional y económica a esta situación se basa en la construcción masiva de vivienda. Coia se desarrolla a partir de un Plan Parcial que abarca aproximadamente 760.000 metros cuadrados y que preveía la construcción de 8.496 viviendas.
Finalmente, el número de viviendas ejecutadas se sitúa en torno a las 5.022, desarrolladas en distintas fases. La Caixa de Aforros Municipal de Vigo desempeña un papel central como promotora y financiadora de buena parte de estas viviendas, orientadas principalmente a población trabajadora. El modelo adoptado prioriza la rapidez de ejecución y la capacidad de alojamiento, lo que se traduce en la construcción de bloques de gran altura y elevada densidad.
Polígono en construcción
Cedida
Sin embargo, esta intervención urbanística no se limitó a una simple transformación técnica del espacio, sino que supuso un profundo proceso de ruptura social y territorial. Numerosas familias se vieron obligadas a abandonar sus casas y terrenos —muchos de ellos explotaciones agrícolas y espacios de vida comunitaria— tras procedimientos de expropiación que, en muchos casos, se realizaron a cambio de indemnizaciones muy reducidas, percibidas por los afectados como una auténtica “miseria de pesetas”.
Aquellos lugares, cargados de memoria y actividad cotidiana, fueron progresivamente absorbidos por un nuevo modelo de ciudad basado en la construcción intensiva de bloques residenciales de alta densidad. Así, la transformación de Coia no solo respondió a una lógica de modernización e impulso industrial, sino que marcó el inicio de una profunda reconfiguración del territorio. El hormigón fue sustituyendo de manera acelerada al paisaje rural y tradicional, dando paso a una periferia urbana completamente distinta, tanto en su forma física como en su tejido social.

Operarios durante la construcción del polígono
Cedida
Rebusca. Aquí dentro hay historias.
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Detrás de esta transformación se encontraba el rápido crecimiento industrial de Vigo. La expansión del sector naval, el auge del metal y la consolidación de nuevas fábricas impulsaron la llegada masiva de población trabajadora y aceleraron la urbanización de barrios periféricos como Coia.
Sin embargo, este crecimiento urbano no llegó acompañado de servicios e infraestructuras suficientes, dando lugar a nuevas formas de organización y respuesta vecinal frente a las carencias del barrio.
Vigo sobre ruedas

La llegada de la industria automovilística marcó un punto de inflexión en el desarrollo urbano de Vigo.
En 1958 Citroën Hispania instala en la ciudad su primera fábrica de automóviles en España, en la Zona Franca, motivada por ventajas fiscales, el acceso al puerto y la disponibilidad de mano de obra local
Manifestación del sector del metal

Un barrio sin plan

El desarrollo de Coia se apoya en el Plan Parcial aprobado en 1963 por el Ministerio de Vivienda. Sin embargo, este plan se implementa en ausencia de un instrumento de planificación urbana global para la ciudad. Esta falta de coordinación provoca un crecimiento fragmentado, en el que la ejecución de las viviendas avanza con mayor rapidez que la ordenación de los espacios públicos y las infraestructuras.
El modelo responde a los principios del urbanismo desarrollista de la época, caracterizado por la construcción intensiva de vivienda y una menor atención a la calidad urbana y a la dotación de equipamientos.
Placa todavía existente en la calle Salvaterra

Vivir en bloque
El resultado de este proceso es un barrio definido por la alta densidad residencial y la repetición de tipologías edificatorias. Predominan los bloques en altura, construidos en serie y destinados en gran parte a vivienda protegida. La rapidez del desarrollo condiciona también la configuración de los espacios intermedios, que en muchos casos quedan poco definidos. Esta estructura urbana genera dificultades en términos de movilidad, uso del espacio público y cohesión entre distintas áreas del barrio.
A pesar de estas limitaciones, el barrio comienza a funcionar desde sus primeras fases de ocupación. La población que se instala en Coia, en su mayoría de origen rural y vinculada a sectores industriales, desarrolla estrategias de adaptación a un entorno urbano que no siempre responde a sus necesidades.
La calle y los espacios comunes adquieren un papel central en la vida cotidiana, favoreciendo la creación de redes sociales y dinámicas comunitarias. De este modo, la construcción del barrio no depende únicamente de su planificación, sino también de las prácticas y relaciones de sus habitantes.

Plano del polígono de Coia en 1975
Marisa Andrade
Marisa Andrade, profesora y antigua directora del IES Alexandre Bóveda (Coia 2), recuerda su infancia en el barrio como un entorno casi rural: “O Coia da miña infancia era practicamente unha aldea… vivíamos como un pouco no rural, a pesar de que tiñamos todo moi cerca”.
Sin embargo, la llegada del polígono industrial supuso una ruptura profunda en la vida del barrio: “Cando veu o polígono… rompeu esa dinámica”, marcada por expropiaciones forzosas y pérdidas personales que vivió como algo muy duro.
De aquel proceso también nació la fuerza del movimiento vecinal y la defensa del barrio, que encontró su mejor expresión en el lema: “A Bouza é nosa”, símbolo de una lucha compartida por recuperar el espacio y la dignidad del lugar.
Foi unha ruptura tremenda. E despois os edificios que se fixeron foi en plan salvaxe, foi unha unha expropiación forzosa
Entrevista con Marisa Andrade

Tu historia también es Coia
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