
La unión hace la fuerza
La construcción masiva, la falta de espacios y servicios, el abandono institucional y la expropiación forzosa crearon un "barrio dormitorio", como muchos vecinos y vecinas explican.
Con el paso del tiempo, estos problemas comenzaron a percibirse como un algo colectivo.
Esta toma de conciencia fue clave.
Los problemas del barrio dejaron de entenderse como casos aislados y pasaron a interpretarse como consecuencia de una misma realidad estructural.
Los vecinos no solo compartían espacio, sino también condiciones de vida, preocupaciones y limitaciones. Y, a partir de ahí, surge una idea fundamental: si los problemas son comunes, la respuesta también debe serlo. Este cambio de mentalidad marca el inicio de la organización vecinal en Coia.



Pancartas reivindicativas de la asociación de vecinos y vecinas "Cristo da Vitoria"
A esta falta de planificación se sumaban carencias muy concretas: la ausencia de equipamientos básicos, la escasez de zonas verdes y la inexistencia de espacios de encuentro que permitieran hacer vida de barrio. Lugares que hoy se entienden como centrales, como el entorno de A Bouza, eran entonces espacios sin acondicionar, desaprovechados o directamente olvidados por la administración.
Pero esa identidad no tardaría en aparecer. Porque si algo caracterizó al barrio desde sus inicios fue la capacidad de sus vecinos para organizarse. La convivencia de realidades distintas, unida a problemas compartidos, generó poco a poco una conciencia colectiva. La falta de recursos, el abandono institucional y las dificultades del día a día dejaron de percibirse como situaciones individuales para convertirse en una experiencia común. Y ahí es donde empieza todo.
A esta situación se sumaban otras carencias cotidianas: dificultades en el acceso a servicios públicos, falta de transporte adecuado en algunos momentos iniciales, ausencia de equipamientos socioculturales y un entorno urbano que no respondía a las necesidades reales del vecindario. El barrio crecía en número, pero no en recursos.
Coia era, en ese momento, más estructura que comunidad.
Más hormigón que vida compartida.

Mujer y hombre posando con una pancarta
En Coia, estas dinámicas se articularon en torno a distintas asociaciones, entre ellas la Asociación de Vecinos Cristo de la Victoria, una de las más representativas del barrio, que desempeñó un papel fundamental en la organización y movilización vecinal. A través de este tipo de entidades, los vecinos pudieron coordinar demandas, convocar movilizaciones y establecer un diálogo —muchas veces tenso— con las instituciones.
Estas asociaciones no solo reclamaban mejoras urbanísticas, sino que también actuaban como espacios de encuentro, organización y participación. Eran, en muchos casos, el eje vertebrador de la vida social del barrio.

La lucha por A Bouza es uno de los ejemplos más claros de esta dinámica.
En un contexto de escasez de zonas verdes y espacios comunes, los vecinos comenzaron a organizarse para reclamar su acondicionamiento y uso público. A Bouza é nosa. El lema sintetizaba una reivindicación que iba más allá del urbanismo. Era una afirmación de pertenencia, una forma de decir que el barrio debía ser construido también por quienes lo habitaban.
Placa conmemorativa al movimiento vecinal
Fuente: AAVV Cristo de la Victoria
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Las que sostienen
En todo este proceso, el papel de las mujeres fue esencial. Desde el inicio, muchas de ellas participaron activamente en las redes vecinales y en las propias asociaciones.

Pero su papel fue especialmente relevante en la respuesta a la crisis de la droga. Madres y vecinas comenzaron a organizarse, muchas veces en coordinación con asociaciones más amplias como Érguete, convirtiéndose en una de las voces más visibles y activas en la lucha contra la droga en los barrios de Vigo. Su implicación no solo tuvo un impacto social, sino también político. Transformaron el dolor en acción.
En Coia, colectivos como As Mulleres da Dorna representan esa implicación directa en la construcción del barrio desde lo comunitario, desde lo cercano, desde lo cotidiano.
El hormigón levantó los edificios.
Pero fueron los vecinos quienes hicieron el barrio.
Cartel de la asociación de mujeres, "As mulleres da Dorna"
Fuente: AAVV Cristo de la Victoria












